sábado, 26 de mayo de 2007

El gran caudillo de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El gran caudillo nos ha mandado también palabras de amistad y de buena voluntad. Apreciamos mucho esta delicadeza porque conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. ¿Cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Se nos hace extraña esta idea. No son nuestros el frescor del aire ni los reflejos del agua. ¿Cómo podrían ser comprados? Si decidiéramos aceptar vuestra oferta tendré que poneros una condición: que el hombre de piel blanca mire a los animales de esta tierra como hermanos... Yo soy salvaje y no entiendo porqué el caballo de fuego vale más que el búfalo, ya que nosotros lo matamos sólo a cambio de nuestra propia vida. ¿Qué puede ser del hombre sin animales? Si los animales desapareciesen, el hombre moriría con gran soledad de espíritu. Porque todo lo que les pasa a los animales, acaba pasándole al hombre, las cosas están ligadas entre sí. Fragmentos de la carta al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, 1855 por el JEFE SEATTLE Seattle, fue un indio Duwamish nacido aprox. en 1786 , jefe de seis tribus hasta su muerte en 1866, que fue portavoz de las negociaciones y contestó con esta admirable y bella "carta" que hoy nos asombra y emociona.

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