domingo, 7 de octubre de 2007

En primer lugar, hay que creer que la única finalidad del conocimiento de los fenómenos celestes, tanto si se tratan en relación con otros, como independientemente, es la tranquilidad y la confianza del alma, y este mismo fin es el de cualquier otra investigación. Tampoco nos hemos de esforzar en alcanzar lo que es imposible, ni en seguir el mismo método en todo, ya sea en los razonamientos sobre los géneros de vida, ya en los que se refieren a las soluciones de los restantes problemas naturales. EPICURO Nació en Samos aprox. en el 342 a.C. En el 306 se estableció en Atenas, su familia era ateniense, y enseñó en el Jardín. Se había comprado una casa con un hermoso huerto -o jardín- , donde cultivaba verduras y flores con sus discípulos y vivía frugal y sencillamente. Así en una carta a Meneceo escribe que estar acostumbrado a la comida moderada y sobria es saludable pues cuando llega una celebración con más abundancia y opulencia, se disfruta mucho más . Esta era su forma de entender el placer, en su justa medida, “ no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, la felicidad se acompaña siempre de la virtud.”

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