viernes, 18 de enero de 2008

La biblioteca era la habitación favorita de Henry . Era una obra de arte de los ebanistas; tenía siete puertas, todas maravillosamente trabajadas; tres de ellas conducían a un pórtico cubierto, con piso de mosaicos, donde Henry podía caminar mientras leía o meditaba sobre algún problema. Sobre la puerta principal había hecho pintar: “ El estudio es todo”. Encima de las otras puertas y en las paredes había citas de Homero, Pausanias, Hesiodo, Píndaro, etc. –lo cuenta Irving Stone en su libro En busca de Troya, sobre la vida y excavaciones de Henry Schliemann y su esposa Sofía. Sólo he visto esta preciosa casa por fuera, pero cuando vuelva a Atenas intentaré ver las pinturas y escritos de las paredes, me haría feliz ver esa biblioteca que describe Irving, para imbuirme en el espíritu de la Grecia clásica que Schliemann tanto amó. HENRY SCHLIEMANN (1822) ,en un pueblo alemán cerca de Polonia, como no había televisión, el padre leía a sus pequeños hijos la Ilíada de Homero. A los ocho años Henry miraba con interés el mapa de Grecia donde sucedieron acontecimientos tan emocionantes entre dioses, hombres tan aguerridos cómo Héctor y mujeres tan bellas cómo Helena de Troya. Pero la vida no es un poema y desde temprana edad tuvo que trabajar y dejar su avidez de conocimientos para sus pocos ratos libres. En el fondo de su mente una sola idea, necesitaba tener mucho dinero para buscar aquella Troya que costó diez años conquistar, aunque casi todos creían que era una leyenda…tenía un sueño y lo persiguió hasta el final. Se casó con Sofía, una griega que conocía muy bien la historia antigua , había leído a los filósofos y las obras literarias que tanto le gustaban a él. Sería una buena compañera en la misión que se había propuesto y no se equivocó, fue una ayuda inestimable y un apoyo incondicional incluso después de que Henry murió en 1890.

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