domingo, 29 de septiembre de 2013

Adaptarse es vivir

Me resisto a olvidar. Como Nera, que cada día la busca en los lugares en que solía esconderse y seguro que encuentra su olor, porque sólo ella estaba en esos sitios secretos. Pero el olor no es suficiente, le faltan sus besos, esos besitos que ella les daba y les hacía tan felices. A los dos. Y  a Henry, seguro que él también recuerda esos recaditos que ella le daba para que cuidase a los hijos. Era todo tan perfecto que en este mundo inestable, no podía durar.

Este año nos hemos quedado sin Bambi, sin Nini, sin Pochetina y hasta sin el mostrenco de Jhonny, que nunca se dejó acariciar, pero era un ejemplo de supervivencia. Ahora es un ejemplo de lo corta que puede ser la existencia. Y la reflexión es clara, Carpe Diem, porque no sabes cuanto te va a durar, así que aprovecha cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. Que todos esos momentos sean felices, lo más felices posible. Este es uno de ellos: Nera está tumbada en mis rodillas, mientras, toco las teclas con suavidad para no alterar su pacífico sueño, adaptándose a su vida de huérfana, pero sintiendo el calor que nos trasmitimos mutuamente y aprovechando este placer sencillo. Otra enseñanza de mis felinos: Cuanto más te adaptas a tu situación, mejor vives.

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