sábado, 18 de octubre de 2008

...parecíame que no era malo, gastar muchas horas del día y de la noche leyendo libros de Caballería, escondida de mi padre. Era esto tan extremo que si al acabar de leer uno, no tenía otro nuevo; no tenía contento ni tranquilidad. TERESA DE AVILA, 1515-1582, dice que esa mala costumbre la tomó de su madre y le causó mucho sufrimiento hasta que consiguió erradicarla. Cinco siglos después y reconociéndole un gran mérito como mujer pionera en las letras, culta e inteligente, no vemos nada "malo" como ella misma decía, sino una manera, tan válida como cualquier otra, de acercarse a la lectura. Aquellos libros pasaron de moda, con la impagable colaboración de Cervantes; pero no desparecieron del todo, algunos crecimos con las novelas de Marcial Lafuente Estefanía, donde seguía habiendo caballos y otras cosas no tan nobles. A mí no me gustaban mucho, pero sí leí muchas, era lo que había. Mi paso por el Colegio Teresiano no me descubrió la grandeza de esta escritora, doctora de la Iglesia Católica, pero había más literatura donde elegir y comprobar que en la juventud uno debe leer casi todo lo que cae en sus manos, para formarse un criterio amplio, de lo que hay y de lo que a uno le gusta.

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