domingo, 16 de septiembre de 2012

Exquisita, humilde y simple

Hoy hace un día caluroso, hermoso y bello. Con todas las posibilidades del mejor día de verano. Muy bueno, si lo comparo con el  Septiembre de 2011. Las alegrías del verano han sido múltiples, muchas provocadas por el encuentro con los amigos que habitualmente no vemos y son muy gratificantes.
Pero se acaba y hay que enfrentarse a la vida cotidiana en este país en profunda crisis, a los recortes de sueldo y las subidas de casi todo. Digo casi todo porque según el gobierno, las cosas básicas no suben, la luz o los cuadernos no son básicos, hubo un tiempo en el que no existían. Pero a lo que iba, creo que las patatas no han subido, por lo menos yo las encuentro bastante baratas, mirando mucho, claro. Las patatas han sido desde que las trajeron de América, un comodín para salvar cualquier situación alimenticia de escasez o de bonanza. Dicen que Teresa de Avila, mujer culta e inteligente y yo la imagino buenísima persona, fundando conventos para sus monjas pasó muchas penurias y en algún momento difícil en Sevilla, ella o alguna de sus discípulas, cansada de comer patatas cocidas diariamente, decidió freirlas en ese bendito aceite de oliva que tenemos en España y del que tan poco presumimos.
Los franceses y los belgas se quieren atribuir ese delicioso invento de la patata frita, pero seguro que se empezó a preparar aquí y las monjas tienen todas las papeletas, además de otras muchas patatas fritas, a lo pobre, a la importancia o en nuestra exquisita tortilla. Claro que los países bajos fueron españoles y es posible que por ahí les llegase la receta, es cierto que en Brujas tienen unas maravillosas patatas fritas. Como las buenas de aquí.

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