domingo, 8 de julio de 2012

Miedos


Yo sé que como Platero, eres pequeño, peludo y suave.
Y sé que añoras, esperas y buscas a tu madre día y noche.
Sé que ella te quería, te protegió y te quiso salvar.
No sabía que ya había llegado a la Tierra Prometida.
No sabía que el miedo puede ser nuestro peor enemigo.
Y tú tampoco sabes que aún debes salvarte del miedo.
Aunque tú desconfíes de mí, yo confío en que te dejes ayudar.
El miedo es un sentimiento terrible, nos hace sufrir, a veces huir o nos paraliza en el momento menos oportuno. Las consecuencias pueden ser fatales, sin remedio, como le ha sucedido a esta gatita, que huyendo de un peligro inexistente perdió su vida. Ahora tememos que su hijito también asustado, sufra otro accidente.
Fácilmente podemos recordar importantes errores de nuestra vida causados sólo por el miedo: al qué dirán, a que se burlen de nosotros, a que nos reprendan, a que no nos acepten…a afrontar las consecuencias de nuestros actos. El miedo es un gran motor que ayudó a nuestros ancestros a escapar de situaciones físicas peligrosas y ahora tal vez en algunas ocasiones, pero la mayor parte de nuestros miedos son psíquicos y cuando decidimos afrontarlos nos damos cuenta de que no eran tan importantes y casi siempre podemos salir victoriosos.
Existe otro tipo de miedo que tuve ocasión de conocer no hace mucho, que es extremadamente doloroso y que no se puede luchar contra él, pues no desaparece hasta que la causa que lo provoca se resulve, es el temor por la vida de un ser querido. Sólo los estóicos dan la solución, pero a la mayoría de nosotros no nos sirve, aunque queramos, no somos tan estóicos ni tan buenos budistas y no soportamos bien los avatares de quienes amamos.

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