sábado, 9 de junio de 2012

La serenidad como antídoto


La causa ha esparcido por todas partes la pereza y la codicia, en todas sus múltiples formas, e incluso quienes han contemplado su historia desde el círculo más remoto de tanta perversión se han visto insensiblemente tentados a dejar que la maldad siguiera su mal camino y a opinar vagamente que si el mundo va mal era porque, quizá por distracción, nadie pretendió nunca que fuera bien. CHARLES DICKENS (1812-1870) en la novela Casa Desolada I. Ya no queda nada de aquel Londres dickensiano lleno de barro, humaredas y suciedad, hoy es mucho más hermoso y limpio. Quiero pensar también que queda muy poco de aquellos pobres niños indefensos, que sobrevivían como podían. Lo que sí queda es la misma corrupción, la misma injusticia social, la misma incompetencia política. En Londres, aquí y en casi todos los lugares, esas cosas no han mejorado nada.

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