martes, 4 de febrero de 2014

Mindfulness

La plena conciencia es al mismo tiempo un medio y un fin, la semilla y el fruto.
Este estado nos libera de la falta de atención y de la dispersión mental y nos permite vivir plenamente cada minuto de la vida. Para ser consciente debes saber respirar, porque la respiración es una herramienta natural y sumamente eficaz para volver a la concentración cuando la mente se distrae.
Ejecuta cada acto con plena atención. Sé plenamente consciente las 24 horas del día. Despacio, dando tiempo a disfrutar de las sensaciones, como tomar una taza de thé. Prepararla como si fuese lo más importante del mundo, en ese momento lo es, hacer de ello un ritual. Dejar que los pensamientos fluyan, aparezcan y desaparezcan. Primero poner agua clara, hervirla, añadir el thé, dejar reposar, añadir azúcar, miel o lo que uno prefiera, siempre con la mente en lo que estás haciendo y finalmente disfrutar de este momento de placer. Tu visión de las cosas se volverá más espaciosa y clara. La mente no está siempre sosegada, hay turbulencias, como cuando has dado vueltas con la cucharilla o cuando has hecho la infusión. Cada día pasamos por una gran variedad de circunstancias vitales, más o menos azarosas, pero siempre podemos volver a la calma mental y a la serena alegría conseguida conscientemente.
Reflexiones sacadas del libro El Milagro de Mindfulness del maestro zen THICH NHAT HANH

Cuando camines, observa cómo caminas; cuando estés sentado, observa tu forma de estar sentado.
Proverbio zen.

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