sábado, 11 de octubre de 2014

Kenchusito


Tenía unos bellísimos ojos. De mi color favorito. Un verde agua azulado, transparente y luminoso. Unos ojos de felino, inteligente, fiel, resuelto, valiente, amoroso y un montón de adjetivos más que le hacían comportarse con el entusiasmo de un perro y la independencia-dependencia de un gato. Lo que menos le gustaba es que me fuese de vacaciones y lo demostraba con un gran enfado tardando un día entero en acercarse para darme la bienvenida.
Un día de Octubre del año 2002, Lara me decía:
 -Mamá, en el cole hay un pequeño gatito, más clarito que Yaky y no tiene casa. Los niños le dan trocitos de su bocadillo, pero ¿qué pasa el fin de semana, sin niños en el colegio y ¿todos esos días de fiesta? ¿Tendrá un buen lugar para dormir, ahora que va a llegar el frío?

Así llegó a nuestra vida Chusi.
Temía el ruido de las cacerolas y suponemos que era porque haciendo esos ruidos lo echaban cuando se acercaba a la cocina, siempre huía a pesar de que confiaba en nosotros, pero le quedó aquel rasgo de su infancia escolar.
Hacía sólo un rato que nos habíamos conocido y decidió descansar conmigo, como hacen los gatos, encima, como si siempre hubiésemos vivido juntos. Como si fuese mi gato, me eligió y yo a él.

Creció y se hizo un gato hermoso, musculoso, delgado, de pelo muy corto, pero suave. Nos quería acompañar siempre y se lo permitíamos hasta donde era posible. Tuvo que compartir territorio y lo hizo con elegancia, aunque no tenía amigos, pero evitaba problemas con sus compañeros y defendía cuando llegaba algún extraño.
Tuvimos la suerte de estar contigo y creemos que tú fuiste feliz con nosotros, te mimamos siempre, más cuando caíste enfermo y pasaste dos meses de decadencia corporal, pero hiciste lo que quisiste hasta el último momento y pudiste sentir todo nuestro afecto. Que durará siempre.
Aunque el día 10/10/2014, fue un día frío, gris, lluvioso y triste.

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