martes, 6 de septiembre de 2016

La alegría de despertar

Hoy copio una entrada del día 27 de Agosto que escribí en el teléfono en el momento que se producía, pero luego quedó dormida esperando el momento de llegar aquí.

Tiros y más tiros. Así me han despertado hoy. Ruido de muertes sin sentido. Conejitos que tienen unos meses y salen de su madriguera sin percatarse del peligro del depredador humano, que ha salido a divertirse, matando. No porque necesite comer, como el lince, sino porque necesita hacer algo distinto, es sábado. Deja su trabajo habitual y vuelve a sus instintos más primarios y peores. Mata sin motivo, como deporte, -dicen algunos- para luego presumir de cuantas piezas ha cobrado, de que ningún animal se resiste a su tiro certero. Normalmente van en grupo y supongo que la diversión sigue cuando se relatan sus hazañas deleznables.
Pienso que también muere esa diligente madre perdiz que camina delante de sus polluelos, cuidándolos, enseñándoles el camino y lo necesario para subsistir.
Oigo tantos tiros y tan seguidos, que ya no quiero seguir imaginando, duele empezar el día así.
Hace unos 7 años pasé por una situación que despertar era volver a una realidad ingrata y aunque felizmente se ha resuelto, mi cerebro guardó durante mucho tiempo, una terrible sensación de angustia. Años, pensando que iba a ser así el resto de mi vida, intentando recomponer mi estado de ánimo para empezar el día, hasta que entendí su funcionamiento y no se si está bien empleada la palabra, pero creo que es por la plasticidad del cerebro que conseguí cambiar esta pauta.
Decidí contraatacar con toda la positividad posible, viendo y valorando todo lo bueno que hay en mi vida, que es mucho y ciertamente, he conseguido que el malestar mañanero desaparezca casi por completo y siempre queda la posibilidad de razonar y agradecer.
Hasta que llegan los llamados cazadores e interrumpen tus sueños y no puedes encontrar nada bueno en eso, Sólo escribirlo. 

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