martes, 19 de junio de 2018

Una vida entre Cádiz y Sevilla


De una gata madrileña que nunca viajó y aunque hoy
 es un No cumpleaños triste, Minnie fue feliz con nosotros.
 Volvíamos de un viaje a Cádiz, donde vi muchas madres gatas con sus pequeños al lado del mar, me hubiese gustado ayudarles, pero no sabía cómo, así que únicamente deseé de corazón que pudiesen criar bien a todos sus hijos. Llegamos a casa y nuestros gatos estaban bien, había uno pequeño y rubio, que parecía Yaky, pero no. Era nuevo. Nervioso, con miedo a que lo echásemos, retrocedía un poco si nos acercábamos, aunque enseguida tomó confianza y apreció que le dejásemos entrar. Como parecía joven, puse un anuncio para buscarle casa, dos meses dije que tenía, sin ánimo de engañar.
Mientras aparecía alguien dispuesto a adoptarlo, lo llevé al veterinario y comprobé que no tenía tanta experiencia en gatos. Era gata y estaba preñada, a la mitad de embarazo aproximadamente.
Decidí que se quedase, iba a ser complicado darla así. Tenía un tamaño muy pequeño comparada con el resto de gatas, Luna, Goldi, Peguís y Yaky. Así que la llamamos Mini o Minnie
La habían echado de alguna casa y ella quería quedarse, así que tenía un comportamiento obediente y cariñoso.
Llegó Junio y pensé que era tan frágil y pequeñita que necesitaría ayuda en el parto y desde los primeros días nos quedábamos las dos durmiendo en la habitación del sótano, que en aquellos días era un lugar tranquilo y adecuado. Nacieron en las primeras horas del día 19 de Junio de 2008. Uno naranja, atigrado como ella, otro gris oscuro, otro naranja dorado y finalmente uno más oscuro, casi negro.




 Los chicos rubios fueron a casas de personas que deseaban cuidarlos y espero que tengan una vida feliz. Las niñas morenas se quedaron con nosotros y se convirtieron en bellezas que obviamente merecían los nombres de Helena 
y Briseida. De ellas he hablado algunas veces y se ven en muchas y bonitas fotos. Helena desapareció y nunca la volvimos a ver, Briseida fue atropellada en 2015.
Ya solo nos quedaba Mini, que esperó a que volviésemos de otro viaje, esta vez de Sevilla, nos saludó agradecida, pidió su comida favorita, la comió con agrado y fue a reposar ... Gracias por esperarnos, para verte por última vez.
Por estos diez años enseñándonos a ser buenas madres, buenas abuelas y buenas personas. Por tu cariño, por venir siempre que te he llamado, por querer estar a mi lado siempre, por recibir a los invitados con muestras de alegría, por ser limpia y educada. Podría seguir enumerando tus virtudes, pero hay que acabar, como tu hiciste, sin esperar al cansancio ni a que la enfermedad derrote. ¡Donde quiera que estés, te seguimos amando!




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