domingo, 18 de septiembre de 2016

Sanar heridas

Hace 20 años, tuve un gatito con inmunodeficiencia felina, el veterinario dijo que le quedaba un mes de vida, entonces era nuestro único gato. Me propuse que ese mes iba a ser todo lo feliz que pudiese. Con buenos cuidados y especial alimentación, vivió 3 años más, Durante ese tiempo tuvo problemas de salud, de tipos diversos, uno de los más frecuentes eran las heridas, una especie de agujeros, que se cerraban en falso y luego había que reabrir y desinfectar, hasta que con más tiempo y medicinas se curaban de verdad.
Eso nos pasa a veces, las heridas se cierran superficialmente y en algún momento es necesario abrir para sanar desde el interior, lo que la memoria y la supervivencia alojaron en el último rinconcito.
Es una herida y vuelve a doler, pero en el equipaje del viajero que regresa a Itaca, se encuentra el bálsamo, que no es el Fierabrás de D. Quijote, más bien es de Hipócrates y de esa Ítaca que te ha hecho más sabio, por las experiencias y porque ya sanado, puedes seguir el camino que un día quisiste. El  auténtico sendero, el  que lleva al valle de las rosas, pero había que atravesar primero el de las  grandes espinas y cuando al fin, lo logres, la armonía te acompañará para siempre.

La foto no es de Lino, sino de la guapa Melisa, igual de negra que él, pero más querida por la fortuna, espero.

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