domingo, 20 de agosto de 2017

Cómo disfrutar una tarde de domingo

Antes decíamos de algo aburrido y pesado: Es más largo que un domingo sin dinero. Menos mal que las cosas cambian y se puede pasar un entretenido día, sea domingo o cualquier día de la semana, sin salir y sin gastar. 
Las mejores Bibliotecas del mundo han digitalizado sus más preciadas posesiones y hoy he podido disfrutar  mirando con admiración, aquellos hermosos libros de hace tantos siglos. Hoy apenas he visto tres Salterios, luego continuaré  con Libros de Horas.
Un Salterio Flamenco, con salmos por supuesto, páginas muy bien iluminadas con magníficos colores y lo que me ha sorprendido, con todos los signos del Zodiaco, perfectamente reconocibles.



Otro muy interesante: Salterio de Claricia, escrito para unas monjas benedictinas, se supone que escrito y decorado por alguna de ellas, especialmente bien dotada para el arte. Hacía 1200, se confeccionó. Me encanta comprobar que las mujeres que tuvieron la oportunidad de acceder a la cultura fueron brillantes, aunque la historia no les haya hecho justicia, pero quiero pensar que muchas tuvieron una vida plena dedicándose, no sólo a rezar, sino a hacer bellezas como este libro.

Por último he podido echar un vistazo a uno que fue confeccionado para la esposa del rey Eduardo II de Inglaterra, llamada Isabel. Ricamente iluminado con vivos colores y oro, que estoy segura luego también perteneció a Isabel I y me las imagino paseando entre las rosas de su jardín, cada una en su época, leyendo y sobre todo recreándose con la belleza de las pinturas, los símbolos y la satisfacción de tener en sus manos algo que estaba al alcance de muy pocos.
Eso hemos ganado después de 7 u 8 siglos, no puedo tocar esos pergaminos, vitela o el soporte original, de ningún modo podría, sin embargo se pueden pasar las hojas digitalizadas, hacer zum en los grabados o en la letra e incluso leer si mantuviese mi latín más al día. Una alegría  y un placer gratis y desde casa.

lunes, 14 de agosto de 2017

Mi armario de remedios para el alma


Tiene varios cajones. El primero es el de las Meditaciones. Lo abro y veo varias cajitas de luminosos colores; naranja, amarilla, azul, verde , rosa, fucsia, malva, gris plata, violeta.




Hoy saco la de color verde mar. Abro la tapa y surgen las olas. De agua clara, de un transparente y verde esmeralda, con olas más pequeñas, aún más verdes, que rompen en las rocas tornándose blancas, níveas, de encaje y puntillas. Otras llegan a la dorada arena y se funden con ella en un instante mágico, para alejarse presurosas otra vez mar adentro.
Los pensamientos se unen a esas olas viajeras y se van,dejando a los sentidos hacer sus funciones, oler, saborear, mirar, oír y tocar. sentirlo todo. Estar dentro de ese mar que inunda el cerebro y desplaza todo lo que no es maresía*, salado, azul verde, sonoro y líquido. El agua dibujando el cuerpo, adaptándose, fluyendo más cerca y más lejos, movimientos sin esfuerzo, como en un baile alado se tratara. Todo son buenas sensaciones, donde los interruptores pensamientos que quieren robar la calma, se alejan. Se alejan porque si tenían algún motivo para venir a perturbar, se les mira, sí es cierto,  mi pensamiento, a veces recurrente, que estás ahí por algo, te miro, te considero y con cariño te envío al cajón de Después, de procrastinar, ya mañana, si eso,  vuelves y vemos. ahora estoy en este mar, disfrutando con todos los sentidos, aprovechando esta energía que siento mía, este placer de mar que inunda mi mente y mi cuerpo. Todo lo que me ofrece este lugar maravilloso, que recibo con agradecimiento y aprecio.


*Maresía: olor de algas, de playa, de rocío salino, olor a mar. Según el diccionario de la Naturaleza.

martes, 8 de agosto de 2017

Hace un mes

 El 12 de Julio pasado hizo 200 años del nacimiento de Thoreau. Los humanos somos así de enrevesados. Buscamos maestros o mejor dicho, hacemos maestros a veces, a personas que no lo pretendían, que vivieron de la forma que pudieron una existencia difícil como la de casi todos, pero que de algún modo, sentimos que fue una vida coherente con su pensamiento. Algo de lo que aprender. Y no sólo por eso, sino por la emoción que produce leer unos escritos llenos de sinceridad, frescura y hermosa filosofía agazapada en cada linea de su Diario.
En este bicentenario, muchas personas están celebrando el nacimiento de un maestro que nunca pretendió serlo, que se sintió agradecido, cuando alguien le dijo que le gustaba oír sus conferencias y qué murió sin saber lo que escribir sus pensamientos iba a significar para tantos ciudadanos. Como muchos escritores que les llegó la fortuna demasiado tarde. Pero a él no, no le llegó demasiado tarde, porque vivía sin preocuparse mucho del sustento cotidiano y futuro, como hacemos la mayoría. Disfrutó de la Naturaleza todos los días del año y encontró en cada brizna de hierba, en cada animalito, en cada laguna un filón del tesoro del pensamiento que luego dejó enterrado entre las páginas que escribía, y que tantos años después descubrimos y gozamos con su personal visión.